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A 50 años

Quilpué, Chile

 

 

 

 

"La ayuda abundante que dicen que llegó a nosotros no nos tocó. Se nos humilló en todo sentido. Fue la desolación de un puerto triste y pobre que quedó más atrasado aún."

 

Guillermo Henríquez Ortega envió posteriormente una continuación de este relato el 01 de junio. Puedes leerlo aquí.

 

El 21 de Mayo de 1960 era día de desfile en Corral. Pero un fuerte temblor, en la madrugada, que se dijo era terremoto en Concepción, anuló toda actividad.

Al día siguiente, el 22 de Mayo, mientras íbamos con mi mamá y mi hermana de 6 años a ver a una tía enferma en el Cerro La Marina, tipo 14,45 hrs. hubo un fuerte temblor, de los que causan susto. Mi hermana quedó en el plan con una prima. Llegamos donde la tía y al poco rato, tipo 15,15, vino el terremoto grado 9,5.

Duró una eternidad. Yo tenía 13 años. Hice muchas cosas, como ayudar a sacar a la tía de su cama y que se afirme de un árbol, mientras mi mamá nos hacía arrodillarnos para rezar; luego, trasladar a mi tía a que se afirme de otro árbol, porque en el que estaba había cerca un barranco; a cambiar de árbol a mi tía….y a rezar de rodillas de nuevo….en eso mi mamá me dice TU HERMANA!!!. Salí corriendo como dos cuadras y estaba con una prima, abrazadas las dos en medio del camino y tratando de pararse. Las agarré a cada una de una mano y corrimos a la casa, donde vuelta a caer de rodillas y a rezar otra vez. Siempre he pensado que parece realicé hartas actividades en esos tres minutos y tanto en que se nos movió la tierra. Incluso me dio tiempo para mirar entre los árboles el mar que se veía como si sobre él hubieran estado cayendo gruesas gotas de agua.

Pasado el movimiento, nos fuimos a nuestra casa en la calle Chacabuco. Los escalones al Cerro La Marina estaban cubiertos de derrumbes. Igual llegamos al Camino Amargos. Cuando íbamos por las escuelas cerca del mar nos alcanzó mi hermano menor que tenía 9 años, y la gente arrancaba. Al mirar hacia atrás, una ola color verde esmeralda echaba abajo los primeros muros de las escuelas. El mar entraba suavemente al pueblo. Mi mamá nos dijo que nos quedaríamos en el 2do. piso de la casa. Llorábamos porque queríamos también arrancar. Luego de pensarlo, aceptó irnos al cerro más cercano y que quedaba frente a la bahía. Llevó unos chalones viejos, la radio (a tubos en aquel entonces) y un reloj despertador grande.

Nos instalamos no muy arriba, pero sí a buen resguardo. Vimos cuando esa ola suave llegó a una cuadra de la casa y se retiró lentamente, llevándose casas enteras con personas que se despedían y todo lo que pudo arrastrar. El mar se secó y vimos el fondo del mar entre Corral y Niebla (sólo corrían las aguas de los ríos y riachuelos que desembocan en la bahía). A mis hermanos les dio hambre y bajé a buscar pan. Trae también la frazada vieja que está en tal cama, me dijeron. Entré, busqué la frazada y el pan, abrí la puerta para salir. Y venía una ola enorme y negra, como con muchos tentáculos y que todo lo destruía, con un ruido como de ultratumba y una casa blanca que se me venía encima. Sin dejar lo que llevaba, arranqué y corrí y corrí. Subí un poco el cerro y sentí cuando el agua chocó contra el cerro, pero ya con bastante menos fuerza.

Ese día en la bahía había dos barcos de la Cia. Haverbeck y Skalweit, que el mar zarandeaba como dos barcos de papel, de un lado a otro. Un momento en Niebla, al poco rato en donde había estado mi casa; un poco más en Mancera, por todas partes.

El mar se secó nuevamente y dos olas más, iguales de grandes y fantasmales volvieron a destruir todo lo que podía haber se salvado. La tercera ola destruyó el 2do. piso de la casa blanca que se me acercaba. Esa jornada, sentados con mi mamá mientras velábamos el sueño de mis hermanos menores, tembló toda la noche y sólo recuerdo el ruido del mar, el de los temblores, la oscuridad alumbrada sólo por algunas fogatas y las estrellas: nunca más he visto tantas estrellas fugaces; se paseaban de lado a lado en la noche fulgurante del amanecer del 23 de Mayo. Creíamos que era el fin del mundo porque no sabíamos nada de nada.

Al tercer día apareció un barquito de Valdivia que bajaba por el río. Supimos que era un terremoto y un maremoto como nos lo había dicho mi mamá. El barco Canelos, quedó varado poco más arriba en el río, subiendo hacia Valdivia, mientras el Don Carlos, varó casi al llegar a Amargos, en medio de la bahía.

Cuántas cosas pasamos. Sin casa y de allegados. Entendí a esa edad que la visita es bienvenida cuando es visita; molestábamos a dónde íbamos; vinieron las lluvias; los piojos y el tratar de no pasar ni frío ni hambre. Lo importante, no había muertos en la familia. Personas que nos pudieron o lo debieron hacer no nos ayudaron; familiares lejanos de Temuco y Coyhaique nos socorrieron. Fuimos parias por harto tiempo. Cuánto tiempo anduve sin zapatos? No lo recuerdo. Y eso es lo que ya he tratado de olvidar, a veces con éxito, pero no siempre es así. La ayuda abundante que dicen que llegó a nosotros no nos tocó. Se nos humilló en todo sentido. Fue la desolación de un puerto triste y pobre que quedó más atrasado aún.

Con mi papá cesante, emigramos en 1962 a Villa Alemana. Fue la oportunidad para salir adelante y ayudar a otras personas que lo pasaban mal. Mi recuerdo cariñoso a mi madre que enfrentó sola con tres cabros chicos la tragedia, porque mi papá andaba navegando. Mi homenaje a los que murieron en Corral ese 22 de Mayo y a los distintos héroes que sobrevivieron a la catástrofe, que hicieron que la vida continuase y que ya se nos adelantaron. Y también mi homenaje para mis amigos de la Aduana de Talcahuano: se sufre, pero todo pasa y Uds. tienen un buen trabajo a través del cual deben superar las dificultades que la tragedia del 27 de Febrero les acarreó. El año 1960 el terremoto fue más fuerte. Pero el de fines de Febrero de este año abarcó más territorio y hubo más población involucrada. En mi caso, muchos más detalles podría contar…pero sería latoso. Guardo en mi mente cada detalle de lo que ocurrió ese día y los que siguieron. Cuando pretendo sentir que todo se fue, los acontecimientos reviven todas las imágenes: pasó con el maremoto de Diciembre del 2004 en el sur este asiático y con el maremoto de Febrero 2010. Los recuerdos están tan cercanos como si los hechos hubieran ocurrido sólo ayer.

Así viví yo el terremoto y maremoto de Mayo de 1960 en Corral, mi pueblo natal, en el cual sólo quedan los huesos de mis abuelos, tíos y primos muertos y que no conocí. Es mi recuerdo….pero pueden haber otras visiones y ser tan valederas como la que yo expreso aquí. Lo que sí tengo claro es que ya estoy en condiciones de seguir viviendo sin amarguras ni rencores. A ellos los arranqué de mi corazón porque me hacían daño. Es que experimenté siendo muy chico la maldad humana, el egoísmo, la avaricia y otras lacras propias del ser humano que emergieron claritas el mismo día 27 de Febrero y los siguientes en las zonas afectadas.

 

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Guillermo Henríquez Ortega
Quilpué. Chile

Comentarios  

 
#6 Guest 23-05-2012 15:15
duró 4 minutos 1/2 según una profunda investigación!! saludos cordiales

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=N8BFKWU4PdI
 
 
#5 Guest 23-05-2012 03:37
Cito a :
Bueno tu aporte, solo creo que te equivocaste en los minutos verdad?, porque el terremoto duró 10 minutos.
Saludos, mis padres también vivieron ese terremoto :(

elterremoto de
Valdivia duró tres minutos y medio.
 
 
#4 Guest 25-03-2012 00:06
El relato que acabo de leer me dejó sin palabras. Actualmente vivo en Niebla y cada día de mi existencia en esta tierra recuerdo las palabras que dije hace 20 años atrás cuando conocí la historia del terremoto de 1960 en mi colegio de la ciudad de San Fernando: "el último lugar del mundo en el que viviría sería en la costa valdiviana". Por circunstancias de la vida, estoy aquí, hermoso lugar que nos dió la oportunidad de ser padres. No se cuanto tiempo más viviremos en esta zona, quizás volvamos a Santiago a retomar nuestras antiguas vidas...no sé, pero tu relato me ha conmovido en lo mas profundo de mi ser y creo que aquellos sentimientos que plasmas en estas palabras las ví reflejadas en las sensaciones que tuve el día 27 de febrero mientras arrancábamos a la parte mas alta de Niebla. Nunca estaremos suficientemente preparados, pero personas fuertes como tu y tu familia contarán las historias como fuente de experiencia.
 
 
#3 Guest 15-03-2012 02:31
Bueno tu aporte, solo creo que te equivocaste en los minutos verdad?, porque el terremoto duró 10 minutos.
Saludos, mis padres también vivieron ese terremoto :(
 
 
#2 Guest 16-03-2011 05:25
Creeme ke al leer tu relato, kede con un nudo en la garganta, sobre todo por que fue la realidad vista por un niño, creciendo abruptamente, tengo 22 años y al mes del 27 Feb quede cesante asike me fui de voluntario a construir al sur, a curanilahue, me toco construir en una casa donde vivian puras mujeres, uno se quebra pero hay ke ser fuerte.
Te agradeceria que contaras mas sobre la situacion del terremoto, ya que sirve de experiencia para nosotros (futura generacion) y para las futuras generacion (hijos y nietas de nosotros) no creas ke es una lata leerlo.
Saludos

Maury R
 
 
#1 Guest 07-07-2010 17:59
te felicito por tus comentarios y tienes toda la razon con eso que en las peores trajedias aparecen las peores cosas del ser humano yo vivi el terremoto del 27 de febrero pasado aca en talca y me queda claro que nada cambiara la humanidad. siempre pienso cuan triste se sentira dios de tener los hijos que tiene.
 

Este sitio web fue abierto en 2010 para recordar públicamente los fenómenos naturales y sociales de 1960, en el marco de la conmemoración de los 50 años del Terremoto que ese año azotó fuertemente la zona centro-sur de Chile.

En las galerías de fotografías, archivos de prensa y testimonio podrás encontrar material compartido por testigos de la época que quisieron hacerlo público para conmemorar y construir colectivamente nuestra memoria. Además podrás informarte de las diferentes actividades realizadas por distintas instituciones en el marco de este año conmemorativo.

A inicios de 2010 un sismo similar afectó Chile, a 50 años de lo hechos de 1960. Las nuevas generaciones también se acercaron a este portal a compartir sus testimonio del terremoto y maremoto del 27F. Vivencias similares a las de 1960 que nos recuerdan, una vez más, que habitamos uno de los territorios más sísmicos del planeta.

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