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Conoce las historias, recuerdos y reflexiones de quienes vivieron el Terremoto de 1960.

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Terremoto 2010
Muchos compartieron sus vivencias del sismo de 2010, las que puedes conocer en las galerías públicas de esta web.
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Piso 19

Santiago, Chile

 

"Los perfiles se alteraban de modo tan dramático que en un momento determinado me convencí de que era imposible sobrevivir. Que había llegado la hora. Sólo pedía que el final fuese rápido y que mi familia estuviese bien."

 

Desde niño me gustaron las alturas. Subir cerros, volar en avión fue siempre un gusto. Por eso, ya grande, quise vivir en el piso más alto que el edificio, y el presupuesto, permitiera. Esa madrugada de verano, había vuelto, luego de una escapada al cine de trasnoche, a mi departamento en el piso 19, el más alto, el último del edificio. Por esas cosas de la vida no me acosté y me fui a fumar a la terraza, mirar las luces de la ciudad siempre me ha resultado evocador, y un grato anticipo a la hora del sueño. En eso estaba cuando sorpresivamente Santiago empezó a sufrir sucesivos apagones, que como manchones voraces, fueron sumiendo en la oscuridad a la capital.

El presentimiento de que un hecho extraordinario se aproximaba, confirmado por los extraños destellos que emergían tras las montañas, me empujó a abandonar la terraza y volver a mi pieza. Antes que alcanzara la habitación, un ruido sordo y abrumador fue el inicio de una oscilación que empezó a remecer el edificio sin piedad. Casi por reflejo caminé a abrir la puerta de salida para evitar que ésta eventualmente se trabara. El movimiento era cada vez más pronunciado, y el quejido de la estructura de la torre era ensorcedecedor. Definitivamente, era imposible estar de pie. Me senté en el suelo mientras pensaba: éste es grande, y me pilló acá. Que sea lo que Dios quiera.

Todo era tan brutal y violento, los perfiles se alteraban de modo tan dramático que en un momento determinado me convencí de que era imposible sobrevivir. Que había llegado la hora. Sólo pedía que el final fuese rápido y que mi familia estuviese bien. Es bien cierto que la mente funciona de modo curioso en situaciones como estas. Por un lado agradecía estar vestido, pues sería aún más dramático que me encontraran en medio de los escombros...y en pelota. Por otro, de algún modo ofrecía todo lo que tenía, con tal de volver a abrazar a los míos. En una época de ambición y vanidad nadie esperaba que el suelo nos recordara violentamente la fragilidad de nuestras pertenencias y lo efímeras que es la existencia humana.

Entregado a lo que fuera, vi como todo, absolutamente todo, se vino al suelo. Los libros volaban por el aire cual película de terror, miles de astillas de vidrios esparcidas por el suelo, mientras que el agua de la piscina, ubicada en el techo del edificio, caía como una irreal catarata.

Cuando parecía que el colapso era el único final posible. El movimiento se detuvo. Y vino el silencio. Silencio pavoroso, sólo interrumpido por las alarmas que se habían activado por doquier. Con la incertidumbre de lo que podría ocurrir, revisé lo que pude, busque una linterna, el celular y una chaqueta. Al salir al pasillo, me encontré con vecinos que nunca había visto. Un par de europeos que, mudos y pálidos, no daban crédito a lo que habían vivido, un argentino que no paraba de comentar el quilombo que era su departamento ahora, y un señor canoso que en paños menores huía en compañía de una joven y exuberante chica de origen caribeño. Aun en medio del desastre, hay espacio para las situaciones tragicómicas. Por alguna razón, asumí el rol de capitán del equipo, y decidí que debíamos evacuar. Cerramos puertas, revisamos llaves, intercambiamos celulares y empezamos a bajar los 19 pisos. Cuando llegamos a la recepción eran decenas de vecinos que habían huido con lo puesto y que con desesperación buscaban noticias. Así pasaron las horas, sin celular que funcionara, esperando sólo el amanecer y las replicas que estaban por venir. Y sin saber nada de los míos. Fueron horas de angustia e incertidumbre. Pero también de reflexión profunda: de algún modo todos habíamos cambiado, ya nada sería lo mismo después de haber sobrevivido. Con la llegada de la luz, también aparecieron mi madre y hermano. Los abracé como nunca. Para mí, solo en ese momento había dejado de temblar.

 

Comentarios  

 
#1 Guest 29-11-2012 23:44
Que heavy leer tu relato. Es terrible pero contado de una forma pacifica. Yo compre un depa en el piso 22. Al principio era todo perfecto, se ve todo santiago y no hay ruido. Es exquisito estar ahi.. Pero empezaron los comentarios "como se te ocurre vivir en esa altura, y si viene otro terremoto?, Ahi se siente 10 veces mas fuerte que en los pisos de abajo" Tengo 22 años y creo que ahora tengo miedo... ya esta todo hecho comprado y "amoblado" y solo me queda disfrutar mi pequeño departamentito. Solo pido que si pasa algo este con mi mama, una amiga, mi ex, un pinche de turno, algun amigo borracho o quien sea. Aunque como tu dices, los vecinos en esta situacion ayudan harto. He pensado incluso en tocar sus puertas y compartir mi angustia, ya que siento que no solo yo pienso estas cosas. Gracias por tu relato. Contactame si quieres conversar, como viviste el post trauma? vives tranquilo? eso, un saludo amigo de las alturas.
 

Este sitio web fue abierto en 2010 para recordar públicamente los fenómenos naturales y sociales de 1960, en el marco de la conmemoración de los 50 años del Terremoto que ese año azotó fuertemente la zona centro-sur de Chile.

En las galerías de fotografías, archivos de prensa y testimonio podrás encontrar material compartido por testigos de la época que quisieron hacerlo público para conmemorar y construir colectivamente nuestra memoria. Además podrás informarte de las diferentes actividades realizadas por distintas instituciones en el marco de este año conmemorativo.

A inicios de 2010 un sismo similar afectó Chile, a 50 años de lo hechos de 1960. Las nuevas generaciones también se acercaron a este portal a compartir sus testimonio del terremoto y maremoto del 27F. Vivencias similares a las de 1960 que nos recuerdan, una vez más, que habitamos uno de los territorios más sísmicos del planeta.

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