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Valdivia y el Batallón de Hierro: una historia que los une

Temuco, Chile

 

 

 

 

"Sus calles eran patrulladas para mantener la seguridad de los bienes existentes en todas las casas... pero, éste es el pero, y grande, en plena ciudad, nuestros patrullajes eran en botes a remos".

 

 

1810. Sí, hace doscientos años Chile empezó a dar los primeros pasos tras su Independencia, y junto a ella, y para respaldar dicho objetivo nacía el Ejército de Chile, institución permanente de la República, que a partir de ese momento marcharía junto con la Patria y sería un actor muy importante en todos los grandes acontecimientos del país.

La historia así lo ha demostrado, y si poco se sabe de ello, alguien tiene la palabra de porqué lo ha ocultado.

El relato que hago a continuación es uno de esos eventos.

Sus Fuerzas Armadas en su conjunto y el Ejército en particular, siempre han estado preparadas para todo tipo de Situaciones y ser los primero en estar esperando la Orden, el 27.2, no fue la excepción.

 

Se viven los primeros días de marzo de 1960. Se habían acuartelado en el Batallón Escuela de Suboficiales de la Escuela de Infantería de San Bernardo 240 Soldados Alumnos con el objeto de seguir una carrera profesional en las filas del Ejército, soldados que eran conocidos como los Palas Rojas, por el distintivo que usaban sobre los hombros de la blusa.

Año lectivo como cualquier otro, pero que a esta Promoción, la Divina Providencia le tenía señalado un destino muy especial, algo mayor que traspasaría sus límites internos; los hechos, así lo demostraron.

En pleno período clases, se produce el terremoto en Concepción y Valdivia, los días 21 y 22 de mayo de 1960, abarcando en mayor o menor medida alrededor de 14 provincias del sur de Chile.

La provincia de Valdivia  era una de las más afectadas. Un terremoto de intensidad grado 11 de la Escala de Mercalli, y grado 9,5 en la escala Richter, más un maremoto y posteriormente como consecuencia de lo primero, el desborde del lago Riñihue; prácticamente un cataclismo. Era tal la magnitud de la catástrofe que el mando militar en Valdivia solicitó la ayuda pertinente y urgente al Alto Mando del Ejército. Ante esta disyuntiva, y estando el contingente en su mayor parte recién acuartelado, con muy poca instrucción, ordenó el traslado de una unidad de elite, el Batallón Escuela de Clases, dependiente de la Escuela de Infantería y con guarnición en la ciudad de San Bernardo.

Tradicionalmente el Ejército de Chile siempre está preparado para actuar, nunca los acontecimientos lo han sorprendido y junto con el resto de las Fuerzas Armadas son las primeras en estar en la primera línea, y así lo demostró una vez más en esta ocasión, como lo certificó el periodista Luís Hernández Parker en sus notas, indicando que: “a todos nos cogió de sorpresa la catástrofe; no supimos reaccionar a tiempo y, mucho menos, medir en su dimensión horripilante la magnitud de los mismos, y eso nos ocurrió a todos, menos a los hombres de las Fuerzas Armadas, Carabineros y a los Bomberos”.

Cuarenta y ocho horas después de recibir la Orden para la “Operación Valdivia”, un sábado 4 de junio de 1960 todo el Batallón Escuela de Suboficiales, más los apoyos logísticos, eran despedidos en el patio principal de la Escuela por el Comandante de la División Escuelas, con las palabras que la historia registra y que dicen en parte: “…porque tendrán que trabajar día y noche, con lluvia o sin ella, en el agua o en el barro. Muchas veces sin comer, muertos de sueño y cansancio, pero esto cuando les aflija piensen en lo que ha sufrido esa pobre gente y que eso les haga ser de nuevo fuertes y vuelvan a la lucha con más bríos. Siempre lleven en su interior la satisfacción del deber cumplido y el pan bien ganado”.

En nuestra marcha hacia la estación de ferrocarriles de San Bernardo y acompañados por la Banda Instrumental, un buen porcentaje de los sanbernardinos se volcó a las calles y al recinto ferroviario a despedirnos. Muchos rostros compungidos, otros alegres, cabizbajos, tristes, lágrimas en los ojos, despedían seguramente a un ser querido, el esposo, el hijo, al amigo, al pololo o por último, a un hijo adoptivo de San Bernardo, como lo eran la gran mayoría de los soldados alumnos del batallón, más aún por la incógnita a lo desconocido.

Las despedidas fueron muy emotivas, no era para menos, San Bernardo, el dueño de casa, el anfitrión, despedía a sus hijos, su Batallón Escuela de Suboficiales, y como toda actividad, no se sabía su suerte, ¿volverán todos?, ¿quedarán algunos en el camino?, en fin, muchas preguntas, en ese momento, todas sin respuesta, la misión recién empezaba, y mientras la mente divagaba en todo eso o lo otro, el pitazo de la potente locomotora nos sacó de este aletargamiento.

El Batallón de la Escuela de Infantería es de San Bernardo, y así sería conocido en toda la “Operación Valdivia”.

Después de las 22.00 horas emprendió la marcha el pesado e importante convoy militar, además, por sus características, iba fuera de itinerario, lo que hacía que su avance fuera mucho más lento que un tren normal, debía darle prioridad a los trenes ordinarios.

Pronto el cansancio y el sueño venció a esta especial tripulación. Lentamente se fue desplazando, cruzando estaciones grandes o pequeñas, pero  su avance aunque lento, era seguro y un azimut bien definido: Valdivia.

El domingo nos sorprendió en pleno avance, pese a esta lentitud, alrededor de las 16 horas llegamos a Victoria, ya en este lugar empezamos a notar actividad fuera de lo normal, observamos a la distancia, un gigantesco avión para la época de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, que estaba descargando ayuda humanitaria. Minutos después seguimos a Temuco donde el tren se detuvo por alrededor de 45 minutos, siendo autorizados para bajar y estirar un poco las pierna;  para llegar a las 23.00  horas a la estación de San José de la Mariquina, punto final del viaje por ferrocarril.

Lluvioso lunes 6 de junio, San Bernardo con su Batallón de la Escuela de Infantería estaba presente en el Sur, hecho que quedó impreso en el Diario Austral de Temuco del 6 de junio de 1960; un titular en primera página con grandes letras y fotografías se leía “Parte de la Escuela de Infantería de San Bernardo pasó ayer a Valdivia”.

En buses fuimos transportados a Valdivia, la visión inicial era impresionante, daba la sensación de estar visitando una ciudad europea de la II Guerra Mundial, recién bombardeada.

Nuestro batallón una vez instalados en el Regimiento de Infantería Nº 11 “Caupolicán”, de inmediato dio inicio a su labor de ayuda, transformando su trabajo en una infinidad de actividades, empadronadores, peluqueros,  electricistas, profesores, enfermeros, carpinteros y albañiles en la construcción de los “Rucos” de emergencia, adonde era evacuada la población de la parte baja de Valdivia por efecto de la inundación que causaría el Riñihue a su paso por la ciudad, de chóferes, policías, bogadores, balseros, asistentes sociales, instaladores de gasfitería para el alcantarillado, constructor de letrinas en los campamentos, caminos de acceso, traslado de todo tipo de materiales para construcción, como brigadista para desinfección de las personas y campamentos y de esta forma evitar epidemias; en las misas dominicales de los Campamentos como acólitos, cubriendo la guardia del Hospital estadounidense, de zapatero, encargados de las oficinas de informaciones, en los campamentos organizando brigadas contra incendio, de aseo; no había actividad donde no hubiera un soldado alumno.

El Correo de Valdivia en una de sus ediciones citaba lo siguiente: “Valiosa ha sido la labor de la Escuela de Infantería”, y agregaba, “Digno de destacarse ha sido la función que tanto oficiales como suboficiales y soldados de la Escuela de Infantería de San Bernardo han estado cumpliendo en Valdivia después del terremoto que la asoló, han dado muestras de ser grandes conocedores de los problemas sociales de nuestro pueblo, los soldados de la Escuela de Infantería han sabido destacarse y a diario los vemos desarrollándose”.

Fue una actividad de gigantes pero realizada por personas con una formación castrense donde el cumplimiento del deber, está por sobre los intereses personales.

En los pocos momentos de descanso o tranquilidad, su mente se trasladaba a San Bernardo, su Escuela, el Cerro Chena, y estas divagaciones se producían durante las periódicas guardias en los campamentos, donde la mente con la tranquilidad del silencio de la noche nos envolvía en la nostalgia, el recuerdo de alguna anécdota, o la imagen de la polola recién conocida, en fin, absortos en esto cuando éramos alertado por la llegada de la patrulla que nos relevaría y de esta forma irse a descansar por algunas breves horas para iniciar de nuevo la jornada con mejores y renovados bríos.

Jornadas que variaban totalmente de un día para otro, era tal la variedad de actividades que no había tiempo ni para escribir muchas veces una carta y menos para aburrirse, lo que descartábamos totalmente, porque en muchas ocasiones, un hermano valdiviano estaba sufriendo y necesitaba de nuestra ayuda y no le podíamos fallar.

Todo esto se vio aumentado mucho más cuando el domingo 24 de julio, andando de paseo por el centro de la ciudad en compañía de otros soldados alumnos, escuchamos la sirena de bomberos con largos y extensos toques lastimeros, eran toques que normalmente escuchábamos en el cine viendo alguna película de la segunda guerra mundial donde anunciaban un bombardeo enemigo; pero en esta ocasión no era bombardeo ni película, era la realidad, pues anunciaba que el lago Riñihue había iniciado su desagüe, y por lo que sabíamos por los diarios, los destrozos que causaría eran impredecibles. Por esta misma razón el Batallón Escuela de Suboficiales de San Bernardo, a cargo de la Zona B de Emergencia, una de las primeras actividades que realizó a su llegada fue empadronar a la población para posteriormente evacuarlas a los sectores más altos en cuatro campamentos de emergencias construidos especialmente para esta situación; estos eran, Kramer, Menzel, Huacho Copihue 1 y Huacho Copihue 2.

Ante estos quejumbrosos lamentos del aullar de la sirena, y al mismo tiempo por las instrucciones que habíamos recibido de nuestros comandantes, regresamos de inmediato al cuartel del Regimiento Caupolicán, nuestro segundo y acogedor hogar, donde de inmediato nos colocamos el equipo normal de trabajo, vale decir, chaqueta, y pantalones de goma, botas de goma, toalla color  naranja o azul al cuello y la respectiva gorra impermeable, para saberse que éramos militares del Ejército de Chile e identificarnos como tales.

A las pocas horas ya andábamos evacuando pobladores de los barrios bajos donde el agua poco a poco empezaba a llegar, muchos de estos pobladores eran rezagados que en su oportunidad no quisieron dejar sus casas, o en otros casos, que ante la no ocurrencia del desagüe, habían optado por volver nuevamente a sus casas; todo lo anterior muy comprensible y humano.

En todos nuestros diarios desplazamientos, ya sea a pie o motorizados, siempre lo hacíamos cantando y marchando en actitudes muy marciales acordes con nuestra calidad de soldados alumnos de la Escuela de Infantería, todo lo cual, y sumando a las demás actividades que realizábamos nos fuimos introduciéndonos en el alma y corazón de la población valdiviana. Esto los llevó para que los medios de comunicación radial y escritos nos bautizarán con el correr de los días, con el nombre de “Batallón de Hierro”, nombre de cuya autoría fue el periodista del diario El Correo de Valdivia y de la Radio Camilo Henríquez CD 96, don Yuber Molina Mera (Q.E.P.D.),  profesional valdiviano que a distintas horas del día o la noche, sin importar las inclemencias del  tiempo atmosférico, grabadora y papel en mano, iba tomando notas de nuestras actividades en los distintos sectores en que estábamos trabajando. Pero nosotros, seguíamos siendo un batallón de paz.

Hoy en día, lo tenemos reconocido como nuestro “PADRINO DEL BATALLÓN DE HIERRO”.

Toda nuestra actividad era informada diariamente a San Bernardo, por medio del Diario de Guerra [recopilación de los antecedentes más importantes de una campaña, con la que se escribe la historia de una Unidad en particular] que minuto a minuto iba confeccionando la Plana Mayor de nuestro Batallón.

Con las aguas del Riñihue ya en Valdivia, nuestra zona de responsabilidad se transformó en una Venecia, debido a lo cual las 24 horas del día, todas sus calles eran patrulladas para mantener la seguridad de los bienes existentes en todas las casas que en esos momentos estaban desocupadas, pero, éste es el pero, y grande, en plena ciudad, nuestros patrullajes eran en botes a remos por la profundidad del agua en su mayor parte, más de un metro y medio, era imposible hacerlo a pie o en vehículo, todo lo cual, y afortunadamente gracias a nuestra preparación, dentro de nuestras filas no se registraran accidentes que lamentar.

A todo esto, la población valdiviana ya solamente nos identificaba como el Batallón de Hierro.

Cuando pasados algunos días y las aguas poco a poco iban mermando su caudal, y las ciudades de la provincia, progresivamente iban, dentro de la real situación, volviendo a  su “normalidad”; después de haber pasados el peligro que por 45 días los había mantenido en la incertidumbre, nuestro regreso a San Bernardo a nuestra casa la Escuela de Infantería, se perfilaba más próximo.

La prensa escrita y radial locales, y algunas del centro del país, señalaban y destacaban en mayor medida el papel realizado por el Ejército y particularmente el Batallón Escuela de Suboficiales de la Escuela de Infantería; y donde también se referían a nosotros como el “Batallón de Hierro”, y al respecto, destaco al Correo de Valdivia que se refirió en estos términos:

“Estos esforzados servidores del Ejército, sin lugar a dudas, no sólo han demostrado que han recibido instrucción militar, sino que también una educación que los ha formado de un temperamento moral, espíritu de sacrificio, abnegación e iniciativa que debe dejar muy satisfechos a su cuerpo de profesores y Jefes que los forman en la carrera de las armas. Cuando nos dejen muchos serán los niños que recordarán y echarán de menos a sus hermanos soldados que debieron partir para seguir el camino trazado por su destino, pero les dejan el recuerdo de su cariño al prójimo, su ejemplo de abnegación y eficiencia y ese optimismo tan necesario, en estas circunstancias, para los hijos de Valdivia”.

Y llegaron los primeros días de agosto y prontos a regresar, los rostros cambian, tanto de los que parten como de los que quedan, alegría en algunos, tristeza en otros, pero cada uno debe seguir su propio camino que el destino le ha señalado; la histórica Valdivia, con el apoyo de sus ciudadanos volverá a ser el paraíso del Sur, y los soldados a su guarnición en San Bernardo.

En los distintos campamentos se realizan fiestas especiales para despedir a sus soldados alumnos, también algunas familias hacen lo mismo, aunque en forma más privada en sus respectivos hogares, todos en mayor  o menor medida querían demostrar sus agradecimientos y cariños a su batallón, al Batallón de Hierro, quienes por sesenta y cuatro días compartieron sus propias penurias sin demostrar en ningún momento cansancio, desazón o flaquezas, al contrario, los ayudaron a llevar este peso con el estoicismo propio del chileno.

Llega el 8 de agosto, la mayor parte de la carga ya se encuentra en San José de la Mariquina embarcada en los carros del ferrocarril.  A media tarde, en el patio exterior del Regimiento de Infantería Nº 11 “Caupolicán”, formaba por última vez todo el Batallón de la Escuela de Suboficiales, y daba cuenta con honores reglamentarios al Sr. Intendente y Comandante de la División, General don Alfonso Cañas Ruiz Tagle, quien rodeado por una población valdiviana que desde tempranas horas había colmado ese sector, nos dirigió las últimas palabras de reconocimiento y agradecimientos en nombre de la ciudad mártir; la ceremonia duró algunos emocionantes minutos. Enseguida un breve descanso y la oportunidad para la despedida más personal de familias valdivianas y/o amigos tan especiales que habíamos conocido. Embarcamos en los buses dispuestos y lentamente iniciaron su desplazamiento donde junto con esto nosotros entonábamos nuestro himno  “Somos soldados del año 60…”, nos fuimos alejando poco a poco primero del Regimiento Caupolicán y después de la ciudad misma en dirección al ferrocarril, en San José de la Mariquina que nos llevaría de regreso.

En el trayecto, un silencio sepulcral, muchas historias quedaban atrás, otras empezaban, en fin, así es la vida y había que dar vuelta la hoja, al final de todo, el mundo sigue su marcha.

El tren emprendió su marcha y en esta ocasión era de regreso y sin la incertidumbre de sus pasajeros que tenían a comienzos de junio, ahora era el retorno a San Bernardo, la ciudad que esperaba ansiosos a sus hijos adoptivos.

A medianoche la mayoría de nosotros ya se había acomodado en la mejor forma para un plácido sueño, el que se prolongaría hasta los primeros rayos del sol del día 9 de agosto. Raudamente avanzaba el coloso que tractaba al convoy y después del  mediodía llegamos a Chillán, autorizados para bajar por media hora, aprovechamos para leer algunos titulares de la prensa nacional donde varios de ellos anunciaban el regreso del “Batallón de Hierro” a San Bernardo, prevista  para las 16 horas.

Reiniciamos la marcha, lentamente y fuera de itinerario, fuimos cruzando  las distintas estaciones, encontrando la primera sorpresa en Curicó, la estación estaba colmada de público compuesto por civiles y militares, con la Banda Instrumental a la cabeza, que no se detuvo en ningún instante para alegrarnos esos momento con las interpretaciones musicales, en esos 30 minutos que estuvimos detenidos. A todo esto, ya había oscurecido.

Continuamos la pausada marcha, San Fernando, similar situación que en Curicó, personal del Regimiento Colchagua con Banda incluida y la población civil, nos daba un brillante recibimiento.

El viaje continuó lentamente, los kilómetros habían disminuidos enormemente y no nos habíamos dado cuenta, “era la emoción del regreso”.

Ya cercano a la 1 de la madrugada del 10 de agosto, estábamos a pocos kilómetros de San Bernardo, nuestra casa; nos ordenan arreglarnos el vestuario y equipo, recoger todo nuestro equipaje y el respectivo armamento.

Lentamente la locomotora resoplando enérgicamente, transportando al convoy militar que trasladaba a una parte importante del Ejército que había acudido al Sur en ayuda de la población,  hacía su triunfal regreso, entre ellos la Escuela de Infantería, el Batallón Escuela de Suboficiales, el heroico Batallón de Hierro, los conocidos Palas Rojas.

La estación de ferrocarriles de San Bernardo desde mucho antes de las 16 horas, estaba atestada de gente, tanto civiles como uniformados, guaguas, niños, jóvenes, adultos y gente mayor, todos acudían a la esperada cita para reencontrarse con sus seres queridos; toda esta diapositiva humana era adornada permanentemente por los aires marciales que interpretaba la banda instrumental.

Bajar del tren fue otra odisea, todo producto de la misma gente que buscaba ansiosamente a sus seres queridos, sumados a ellos los periodistas y fotógrafos que querían ser los primeros en tener la exclusiva para sus medios de comunicación y hacer más objetiva la noticia para Chile, era todo muy emocionante; en nuestros juveniles corazones nos imaginábamos ser artistas de cine en la recepción del premio Oscar, era un contagio muy emotivo que tuvimos con la comunidad sanbernardina a esa hora de la madrugada, era la forma de expresar el agradecimiento a su Escuela, al haber llevado en forma tan destacada el nombre de San Bernardo a los sufridos héroes de Valdivia.

Pasados los primeros minutos, encabezados por la Banda Instrumental de la Escuela, emprendimos la marcha en dirección al aula castrense, pero esta vez, por las calles principales de San Bernardo que estaban jalonadas por militares ubicados cada 4 metros en ambos costados de la calle hasta la misma Escuela quienes se trasformaron en una perfecta escolta de honor,  haciendo de esta manera nuestra triunfal entrada al patio de honor de la Escuela de Infantería, nuestra formadora y educadora y que pese a la hora, estaban totalmente llena de público que nos esperaba con los brazos abiertos, eran sus hijos que volvían a su terruño después de terminar el trabajo encomendado.

Formados en el patio de honor de la Escuela y teniendo de testigos a un nutrido  público y cuando los relojes marcaban las 3 de la madrugada, el Comandante de la División Escuela nos dio la bienvenida y los agradecimientos del Ejército, la ciudad de Valdivia y de San Bernardo, procediendo a tomar colocación para el desfile, un desfile muy poco usual y fuera de lo común. Era el desfile de un batallón de héroes, la unidad que la población de Valdivia bautizó como “Batallón de Hierro”, pero un batallón que había ganado sus laureles en  paz ayudando a sus hermanos del sur de Chile y que regresaba orgulloso después de dar cumplimiento a la misión encomendada.

 

Al terminar la misión, podemos decir con legítimo orgullo que:

“TENEMOS LA SATISFACCIÓN DE HABER CUMPLIDO NUESTRO DEBER Y HABERNOS GANADO MUY BIEN EL PAN”.

 

EPÍLOGO:

En los días de Fiestas Patrias, dos grandes instituciones de la ciudad de San Bernardo, en reconocimiento al trabajo realizado por la Escuela hicieron entrega de una hermosa  placa en bronce con la siguiente leyenda:

 

 

 

“A LOS HÉROES DE VALDIVIA

ESCUELA DE INFANTERÍA

UNIÓN DE PROFESORES Y

CONSEJO OBRERO FERROVIARIO.

SAN BERNARDO – 18 – IX – 1960”.

 

 

 

 

 

 

El año 2004, 44 años después, alrededor de 60 de estos soldados, más algunos oficiales y suboficiales instructores vuelven nuevamente a Valdivia. El día 29 de mayo de ese año el señor Alcalde de la Ilustre Municipalidad de Valdivia don Bernardo Berger Fett, en solemne ceremonia y en nombre de la comuna  hace entre

ga al “Batallón de Hierro” y al “Regimiento Simbólico Caupolicán”, de un Estandarte de Combate, el cual desde entonces nos acompaña en todas nuestras presentaciones y actividades.

 

SOM EJTO. (R) Oscar B. Silva Abarca.

 

Comentarios  

 
#7 Guest 21-01-2012 21:32
Hola soy profesora de historia militar en la Esc. de Sub. necesito me ayuden con algunos nombres "completos" de Cabos y Sargentos que hayan participado en el glorioso Batallón de Hierro. mi correo electronico es glendazua@gmail.com. con urgencia muchas gracias...
 
 
#6 Guest 29-07-2010 23:44
Crecí con los relatos de mi Padre, ex integrante del Glorioso Batallón de Hierro; sobre sus trabajos y la misión que debierón cumplir siendo tan jóvenes..cada vez se me llena el alma de gozo y orgullo de ser hijo de un soldado de la Patria, te quiero papá, con amor para el SOM (r) Manuel Peñailillo Torres, miembro de este grupo de selectos soldados...
 
 
#5 Guest 14-06-2010 01:05
QUERIDO PADRE.ME ES MUY EMOTIVO SABER DE VUESTRAS HAZAÑAS DE UDS, EL BATALLON DE HIERRO POR AQUEL AÑO 1960,ME ENORGULLECE ENORMEMENTE DE QUE UDS, SEAN UNA PARTE DE NUESTRA HISTORIA NACIONAL,QUE AUN SIENDO UNOS JOVENCITOS POR AQUELLOS AÑOS, LOS HECHOS ACONTECIDOS NUNCA LOS HIZO FLAQUEAR, Y LOGRARON SALIR CON ORGULLO Y LA FRENTE EN ALTO, TRAS HABER CUMPLIDO SATISFACTORIAME NTE LA MISION ENCOMENDADA POR VUESTROS COMANDANTES EN JEFE DE VUESTRA INSTITUCION,DE LA CUAL YO SIEMPRE ESTARE ORGULLOSO DE SER HIJO DE UN SOLDADO MAS DEL EJERCITO DE CHILE.
 
 
#4 Guest 01-06-2010 15:22
Señor Valdiviano:
Muchas gracias por sus opiniones, los militares, como en todo tiempo desde hace 200 años, siempre han estado al lado de sus hermanos, y en 1960, nuevamente dijeron "Cumplimos con nuestra Misión.Gracias nuevamente.
 
 
#3 Guest 28-05-2010 23:34
RELATOS COMO ÉSTE, NOS REFRESCAN LA MEMORIA Y NO NOS DEJA QUE OLVIDEMOS LO PASADO. IGUAL A LO OCURRIDO RECIENTEMENTE
EL 27 FEB. NADIE TOMA EN CUENTA LA LABOR SILENCIOSA DE NUESTRAS FF.AA., QUE CUMPLIENDO ORDENES DEBEN DEJAR TODO PARA IR EN AYUDA DE NUESTROS COMPATRIOTAS. YO LO SE DE MUY CERCA, YA QUE TENGO LAS VIVENCIAS DE MIS FAMILIARES QUE SIRVIERON EN ELLAS Y EL MIO PROPIO.
 
 
#2 Guest 23-05-2010 04:31
Sr Oscar B. Silva:

Muchas gracias por su emotivo relato del trabajo que realizaron en valdivia en 1960. Se nota que su labor la hicieron con mucha fuerza, abnegación, con el alma y el corazón. Da gusto leer relatos que nos transportan a otras épocas especialmente escuchando la música de esta pagina web que me transporta 50 años atrás cuando ni siquiera mi madre habia nacido y mis abuelos eran jóvenes. Ellos vivieron el terremoto acá y doy gracias que todavia los tengo a mi lado. Hoy en dia muchas veces se pierde el significado de las cosas por la vida tan acelerada que llevamos, pero leer estas historias nos hace volver a centrarnos en lo que en realidad importa: las personas.

Un sincero saludo.

Javier Guerrero C.
 
 
#1 Guest 22-05-2010 04:26
qué más decir. En nombre de Valdivia y especialmente de mi madre (QEPD), que me contaba como los militares habían ayudado a nuestra ciudad: ¡MUCHAS GRACIAS!
 

Este sitio web fue abierto en 2010 para recordar públicamente los fenómenos naturales y sociales de 1960, en el marco de la conmemoración de los 50 años del Terremoto que ese año azotó fuertemente la zona centro-sur de Chile.

En las galerías de fotografías, archivos de prensa y testimonio podrás encontrar material compartido por testigos de la época que quisieron hacerlo público para conmemorar y construir colectivamente nuestra memoria. Además podrás informarte de las diferentes actividades realizadas por distintas instituciones en el marco de este año conmemorativo.

A inicios de 2010 un sismo similar afectó Chile, a 50 años de lo hechos de 1960. Las nuevas generaciones también se acercaron a este portal a compartir sus testimonio del terremoto y maremoto del 27F. Vivencias similares a las de 1960 que nos recuerdan, una vez más, que habitamos uno de los territorios más sísmicos del planeta.

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