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Terremoto 2010
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Cómo sobreviví el día del terremoto del año 1960

La Serena, Chile

 

 

 

 

"Crucé la calle y me puse a construir una mediagua en la pared que había resistido al terremoto, pared que pertenecía a la Pastelería Engelmayer."

 

 

 

El Sábado 21 de Mayo de 1960 me encontraba en Valdivia. Tenía 16 años de edad. Mi madre arrendaba una casa en calle Camilo Henríquez 779, a cuadra y media de la plaza de Armas.

Desperté a las 06.02 con el movimiento de un sismo de mediana intensidad. Luego a las 06.33, otro sismo de igual característica me hizo encender el receptor de radio para indagar cuál era su epicentro. Pasada las 7 de la mañana me entero por una radio local que el epicentro era en Concepción, ambos de 7,2 grados según escala de Mercalli, o sea dos terremotos en 30 minutos.

En casa, como es lógico, nos preocupamos por tener familiares en Talcahuano, Chiguayante y Concepción. Trato de sintonizar alguna radio de Concepción para indagar del estado en que se encontraban mis tías, tíos y primos. Mi intento por saber de mis familiares fue estéril. Con la llegada de la noche logro sintonizar en AM Radio Universidad de Concepción, quienes se encontraban informando de la destrucción y muertos por causa del sismo. Esto lo complementaban con mensajes de habitantes de la zona que comunicaban a sus familiares que se encontraban con su casa destruida pero con vida. No antes de las 3 de la madrugada, me quedo dormido con la radio encendida sin saber el estado en que se encontraban mis familiares.

El Domingo 22 de Mayo de 1960, en cuanto despierto, sigo sintonizando la Radio de la Universidad de Concepción, quienes mantienen su servicio al igual que el día anterior. Después de almuerzo mi madre me informa que irá junto con mi hermanita de 11 años recién cumplidos, a visitar a su comadre Catalina Navarro (madrina de mi hermana) al Hospital Regional, quien se encuentra hospitalizada por esos días. Yo con papel y lápiz en mano sigo anotando los mensajes transmitidos por la radio de Concepción dirigidos a Valdivia. Eran las 14.58 horas cuando se siente un temblor de mediana intensidad que silencia las transmisiones de la Radio de la Universidad de Concepción (días después me entero que su epicentro fue en Concepción de magnitud de Mercalli de 7.5 grados).

Recuerdo que ese domingo el estado del tiempo era inusualmente soleado y cálido, mis amigos y vecinos andaban de paseo. En la calle no se veía tránsito de gente, algo raro se respiraba en el ambiente, me sentí muy solo. Sintonizo una radio de Valdivia para tener información (Radio Camilo Henríquez), quienes enviaban mensajes de Valdivia pidiendo saber de sus parientes en la zona amagada.

Eran las 15.10 horas cuando siento un sismo con carácter de terremoto (7,5 grados). Desenchufo la radio y salgo hacia el patio interior de la casa, que era un colectivo habitacional, donde me encuentro con la señora Carlota en paños menores (maestra de cocina de la Sociedad Protectora de Empleados, donde la noche anterior se celebró un matrimonio, por lo que mi vecina trabajó hasta altas horas de la madrugada). Ella llorando me dice: Chechito, si viene otro más fuerte y no despierto, por favor avíseme. Yo en son de broma le dije: señora Carlota, vístase que ya viene otro más fuerte, ayer fue en Concepción y parece que hoy es en Valdivia. No juegue con eso hijo, me dice ella.

Con el movimiento del sismo se cayeron algunas cosas en la casa, las recogí y puse bajo la cama junto a mi tesoro más preciado, el receptor de radio, ya que se había cortado la luz y poco me servía hasta que no retornase el suministro. Sin entender por qué, me puse mi abrigo, a pesar de no hacer frío a esa hora. Salí al patio común queriendo ver a alguien. Eché un vistazo rápido sin resultado. Luego volví a mi habitación para esperar el regreso de mi madre junto a mi hermana.

En esos momentos se siente un ruido muy fuerte. En seguida comienza el gran sismo, eran las 15.40 horas. Salgo de casa afirmándome de cables que servían como tendederos de ropa. Era imposible mantenerse en pie. Avancé hasta el centro del patio, ya que a un costado había un cortafuegos de ladrillo como de 6 metros de alto y, al otro costado, un antiguo caserón de madera (el patio no medía más de 12 metros de largo por 6 de ancho).

Ruidos espantosos por la caída de casas, postes y de personas pidiendo clemencia a Dios. El agua saltaba en las piletas que servían como lavaderos. El caserón donde se afirmaban los tendederos se derrumba. Caigo al suelo, al costado de la pequeña noria que divide el patio en dos. Siento en mi estómago un movimiento como de olas, primero eran ondas de este a oeste, luego de norte a sur. Las maderas que guían el cause de la noria se rompen. No sé cuanto tiempo transcurre. Cesan los gritos de auxilio y caída de las casas, mientras sigue temblando. Cada vez más fuerte, se siente un ruido como el producido por un gran temporal de viento. Los cables que aún quedan en los postes a medio derrumbarse, silban como la peor noche de invierno. No pienso en nada, todo es extraño, me abrazo al suelo de tierra húmeda. A lo lejos se sienten caer unas paredes. Finalmente cae el cortafuego vecino. Doy gracias a Dios porque lo hace de manera vertical, alrededor mío caen restos de ladrillos. Por fin termina la pesadilla del sismo, me olvidé totalmente de mi vecina Carlota, después la encontré en la calle de rodillas llorando.

Como puedo entro a lo que quedaba de casa, haciendo a un lado el marco de la puerta que estaba totalmente astillado. Las paredes con la mayoría del entablado, sobre mi cama. Salgo al patio y abro la llave de agua para juntar un poco en un balde sin resultado. Me abro camino por un costado de la casa hasta llegar a la calle sin dejar mi balde. Desde pequeño fui Boy Scout y luego voluntario de la Cruz Roja, sabía lo importante de conseguir agua lo más pronto posible. Camino por Camilo Henríquez hasta llegar a la calle Yerbas Buenas. Cruzo Vicente Pérez Rosales y General Lados hasta llegar a la Peña (donde se embarcaban en botes las personas que trabajaban en la fábrica Calzados Rudlof, ubicada en la Isla Teja), lugar de natación preferido por nosotros en verano. Inmensa fue mi sorpresa, ver como el río arrastraba de mar a cordillera todo a su paso, embarcaciones, árboles, casas, cada vez con más fuerza. El río aumentaba su volumen a cada momento, todo era en silencio. Yo era el único que se encontraba en el embarcadero, que por ser de madera comenzaba a crujir tétricamente. Llené mi balde lo más rápido posible y volví a lo que quedaba de mi casa. Durante mi regreso me crucé con personas que corrían vestidas sólo en camisa de dormir (eran enfermos del hospital que buscaban a sus familiares), llorando gritaban que había que arrancar a los cerros porque se venía el maremoto.

Ya frente a lo que quedaba de mi casa, a medio derrumbarse, entré a buscar un martillo, solté unas vigas, como 8 planchas de zinc, tablas que me sirvieron para el piso y clavos. Crucé la calle y me puse a construir una mediagua en la pared que había resistido al terremoto, pared que pertenecía a la Pastelería Engelmayer. Apareció el Chapa (amigo de infancia, le llamábamos así para abreviar su apellido, Etcheparreborde), quien me ayudó haciendo los hoyos para enterrar las vigas verticales. Ya comenzaba a oscurecer cuando terminados de construir el techo que por más de un mes nos sirvió como refugio.

El cielo comenzó a nublarse. Invité a mi amigo a hacer fuego con pedazos de madera para poner a hervir la tetera y tomarnos un tecito mientras esperaba a mi mamá y mi hermana, quienes a los pocos minutos se presentan y nos sirven el ansiado té. Jamás probé algo peor. El agua que traje del río no era dulce, con el maremoto se encontraba totalmente salobre. Me acordé que al fondo del pasaje donde vivía el Pedro había una vertiente. Fui en busca de agua, la que fluía en pequeña cantidad; pero lo suficiente para llenar nuevamente la tetera. Mientras se calentaba, caminé hasta la calle Arauco con Camilo Henríquez, lugar donde se encontraba la Confitería Sur, una casona antigua muy bonita de dos pisos. Lo único que quedó de ella fue el tubo de aguas servidas que sostenía la taza del WC, ubicado en el segundo piso. Tropecé entre los escombros esparcidos por la calle con un cajón de caramelos de miel, que me llevé hasta la mediagua recién construida.

Ya entrando la noche, y con preocupación de mi mamá, entro a la casa a sacar las camas, una mesita, 3 o 4 sillas y algo de ropa de abrigo para pasar la noche. Hicimos una fogata mientras sentíamos los disparos por ser hora del toque de queda. No faltaron las patrullas de militares que se calentaron las manos en nuestra fogata y se tomaron un té. No nos dejaban sin antes decirnos que no nos moviéramos del lugar porque ellos tenían orden de disparar a quién sorprendieran en la calle sin autorización.

A cada instante temblaba. Al mirar hacia los cerros se veían las fogatas de quienes buscaron refugio por el maremoto. Esa noche no dormimos. Creo que en la mediagua cupimos 3 familias, era de 3 por 7 metros aproximadamente. Nunca sentí tanto miedo como esa noche.

Eso fue lo que hice el día del terremoto y maremoto del 22 de Mayo en Valdivia. Después me enteré que fue de magnitud 9.5 Richter con una duración de 10 minutos + –.

 

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Cómo sobreviví el día del terremoto del año 1960

Escrito por Sergio Matus Matus el 12 de abril de 2010, desde La Serena.

El Sábado 21 de Mayo de 1960 me encontraba en Valdivia. Tenía 16 años de edad. Mi madre arrendaba una casa en calle Camilo Henríquez 779, a cuadra y media de la plaza de Armas.

Desperté a las 06.02 con el movimiento de un sismo de mediana intensidad. Luego a las 06.33, otro sismo de igual característica me hizo encender el receptor de radio para indagar cuál era su epicentro. Pasada las 7 de la mañana me entero por una radio local que el epicentro era en Concepción, ambos de 7,2 grados según escala de Mercalli, o sea dos terremotos en 30 minutos.

En casa, como es lógico, nos preocupamos por tener familiares en Talcahuano, Chiguayante y Concepción. Trato de sintonizar alguna radio de Concepción para indagar del estado en que se encontraban mis tías, tíos y primos. Mi intento por saber de mis familiares fue estéril. Con la llegada de la noche logro sintonizar en AM Radio Universidad de Concepción, quienes se encontraban informando de la destrucción y muertos por causa del sismo. Esto lo complementaban con mensajes de habitantes de la zona que comunicaban a sus familiares que se encontraban con su casa destruida pero con vida. No antes de las 3 de la madrugada, me quedo dormido con la radio encendida sin saber el estado en que se encontraban mis familiares.

El Domingo 22 de Mayo de 1960, en cuanto despierto, sigo sintonizando la Radio de la Universidad de Concepción, quienes mantienen su servicio al igual que el día anterior. Después de almuerzo mi madre me informa que irá junto con mi hermanita de 11 años recién cumplidos, a visitar a su comadre Catalina Navarro (madrina de mi hermana) al Hospital Regional, quien se encuentra hospitalizada por esos días. Yo con papel y lápiz en mano sigo anotando los mensajes transmitidos por la radio de Concepción dirigidos a Valdivia. Eran las 14.58 horas cuando se siente un temblor de mediana intensidad que silencia las transmisiones de la Radio de la Universidad de Concepción (días después me entero que su epicentro fue en Concepción de magnitud de Mercalli de 7.5 grados).

Recuerdo que ese domingo el estado del tiempo era inusualmente soleado y cálido, mis amigos y vecinos andaban de paseo. En la calle no se veía tránsito de gente, algo raro se respiraba en el ambiente, me sentí muy solo. Sintonizo una radio de Valdivia para tener información (Radio Camilo Henríquez), quienes enviaban mensajes de Valdivia pidiendo saber de sus parientes en la zona amagada.

Eran las 15.10 horas cuando siento un sismo con carácter de terremoto (7,5 grados). Desenchufo la radio y salgo hacia el patio interior de la casa, que era un colectivo habitacional, donde me encuentro con la señora Carlota en paños menores (maestra de cocina de la Sociedad Protectora de Empleados, donde la noche anterior se celebró un matrimonio, por lo que mi vecina trabajó hasta altas horas de la madrugada). Ella llorando me dice: Chechito, si viene otro más fuerte y no despierto, por favor avíseme. Yo en son de broma le dije: señora Carlota, vístase que ya viene otro más fuerte, ayer fue en Concepción y parece que hoy es en Valdivia. No juegue con eso hijo, me dice ella.

Con el movimiento del sismo se cayeron algunas cosas en la casa, las recogí y puse bajo la cama junto a mi tesoro más preciado, el receptor de radio, ya que se había cortado la luz y poco me servía hasta que no retornase el suministro. Sin entender por qué, me puse mi abrigo, a pesar de no hacer frío a esa hora. Salí al patio común queriendo ver a alguien. Eché un vistazo rápido sin resultado. Luego volví a mi habitación para esperar el regreso de mi madre junto a mi hermana.

En esos momentos se siente un ruido muy fuerte. En seguida comienza el gran sismo, eran las 15.40 horas. Salgo de casa afirmándome de cables que servían como tendederos de ropa. Era imposible mantenerse en pie. Avancé hasta el centro del patio, ya que a un costado había un cortafuegos de ladrillo como de 6 metros de alto y, al otro costado, un antiguo caserón de madera (el patio no medía más de 12 metros de largo por 6 de ancho).

Ruidos espantosos por la caída de casas, postes y de personas pidiendo clemencia a Dios. El agua saltaba en las piletas que servían como lavaderos. El caserón donde se afirmaban los tendederos se derrumba. Caigo al suelo, al costado de la pequeña noria que divide el patio en dos. Siento en mi estómago un movimiento como de olas, primero eran ondas de este a oeste, luego de norte a sur. Las maderas que guían el cause de la noria se rompen. No sé cuanto tiempo transcurre. Cesan los gritos de auxilio y caída de las casas, mientras sigue temblando. Cada vez más fuerte, se siente un ruido como el producido por un gran temporal de viento. Los cables que aún quedan en los postes a medio derrumbarse, silban como la peor noche de invierno. No pienso en nada, todo es extraño, me abrazo al suelo de tierra húmeda. A lo lejos se sienten caer unas paredes. Finalmente cae el cortafuego vecino. Doy gracias a Dios porque lo hace de manera vertical, alrededor mío caen restos de ladrillos. Por fin termina la pesadilla del sismo, me olvidé totalmente de mi vecina Carlota, después la encontré en la calle de rodillas llorando.

Como puedo entro a lo que quedaba de casa, haciendo a un lado el marco de la puerta que estaba totalmente astillado. Las paredes con la mayoría del entablado, sobre mi cama. Salgo al patio y abro la llave de agua para juntar un poco en un balde sin resultado. Me abro camino por un costado de la casa hasta llegar a la calle sin dejar mi balde. Desde pequeño fui Boy Scout y luego voluntario de la Cruz Roja, sabía lo importante de conseguir agua lo más pronto posible. Camino por Camilo Henríquez hasta llegar a la calle Yerbas Buenas. Cruzo Vicente Pérez Rosales y General Lados hasta llegar a la Peña (donde se embarcaban en botes las personas que trabajaban en la fábrica Calzados Rudlof, ubicada en la Isla Teja), lugar de natación preferido por nosotros en verano. Inmensa fue mi sorpresa, ver como el río arrastraba de mar a cordillera todo a su paso, embarcaciones, árboles, casas, cada vez con más fuerza. El río aumentaba su volumen a cada momento, todo era en silencio. Yo era el único que se encontraba en el embarcadero, que por ser de madera comenzaba a crujir tétricamente. Llené mi balde lo más rápido posible y volví a lo que quedaba de mi casa. Durante mi regreso me crucé con personas que corrían vestidas sólo en camisa de dormir (eran enfermos del hospital que buscaban a sus familiares), llorando gritaban que había que arrancar a los cerros porque se venía el maremoto.

Ya frente a lo que quedaba de mi casa, a medio derrumbarse, entré a buscar un martillo, solté unas vigas, como 8 planchas de zinc, tablas que me sirvieron para el piso y clavos. Crucé la calle y me puse a construir una mediagua en la pared que había resistido al terremoto, pared que pertenecía a la Pastelería Engelmayer. Apareció el Chapa (amigo de infancia, le llamábamos así para abreviar su apellido, Etcheparreborde), quien me ayudó haciendo los hoyos para enterrar las vigas verticales. Ya comenzaba a oscurecer cuando terminados de construir el techo que por más de un mes nos sirvió como refugio.

El cielo comenzó a nublarse. Invité a mi amigo a hacer fuego con pedazos de madera para poner a hervir la tetera y tomarnos un tecito mientras esperaba a mi mamá y mi hermana, quienes a los pocos minutos se presentan y nos sirven el ansiado té. Jamás probé algo peor. El agua que traje del río no era dulce, con el maremoto se encontraba totalmente salobre. Me acordé que al fondo del pasaje donde vivía el Pedro había una vertiente. Fui en busca de agua, la que fluía en pequeña cantidad; pero lo suficiente para llenar nuevamente la tetera. Mientras se calentaba, caminé hasta la calle Arauco con Camilo Henríquez, lugar donde se encontraba la Confitería Sur, una casona antigua muy bonita de dos pisos. Lo único que quedó de ella fue el tubo de aguas servidas que sostenía la taza del WC, ubicado en el segundo piso. Tropecé entre los escombros esparcidos por la calle con un cajón de caramelos de miel, que me llevé hasta la mediagua recién construida.

Ya entrando la noche, y con preocupación de mi mamá, entro a la casa a sacar las camas, una mesita, 3 o 4 sillas y algo de ropa de abrigo para pasar la noche. Hicimos una fogata mientras sentíamos los disparos por ser hora del toque de queda. No faltaron las patrullas de militares que se calentaron las manos en nuestra fogata y se tomaron un té. No nos dejaban sin antes decirnos que no nos moviéramos del lugar porque ellos tenían orden de disparar a quién sorprendieran en la calle sin autorización.

A cada instante temblaba. Al mirar hacia los cerros se veían las fogatas de quienes buscaron refugio por el maremoto. Esa noche no dormimos. Creo que en la mediagua cupimos 3 familias, era de 3 por 7 metros aproximadamente. Nunca sentí tanto miedo como esa noche.

Eso fue lo que hice el día del terremoto y maremoto del 22 de Mayo en Valdivia. Después me enteré que fue de magnitud 9.5 Richter con una duración de 10 minutos + –.

Comentarios  

 
#10 Guest 28-01-2012 00:19
Cito a :
Deseo contactar a Homero Abarzua Aguilar . Funcionario de Correos y Telegrafos en 1960 en Valdivia

Cito a :
Deseo contactar a Homero Abarzua Aguilar . Funcionario de Correos y Telegrafos en 1960 en Valdivia


Hola, yo soy el hijo de don Homero Abarzúa, si gusta, puedo ubicarlo diretamente, quién es el interesado?
 
 
#9 Guest 27-05-2011 19:11
es posible ajustar la lectura de "COMO SOBREVIVÍ EL DÍA DEL TERREMOTO DEL AÑO 1960", ¿para leerlo en su integridad?, muchas gracias
 
 
#8 Guest 28-03-2011 01:23
Deseo contactar a Homero Abarzua Aguilar . Funcionario de Correos y Telegrafos en 1960 en Valdivia
 
 
#7 Guest 14-07-2010 11:14
Sergio: Què terrible historia has contado...Yo tengo 48 años, vivo en Bs.As. y supe del maremoto de Corral por un libro de Marcela Serrano...Me da muchìsima pena lo que sucede en tu paìs, en èse precioso sur chileno que deseo tanto conocer, con sus bosques, sus islas y sus aldeas de pescadores...Me solidarizo con tu paìs entero y ruego a lo que sea para que puedan vivir en paz y cesen èstas catàstrofes que azotan a tu tierra. Gracias por tu valioso testimonio.
 
 
#6 Guest 28-05-2010 19:54
Que tal Roberto, el mundo es muy pequeño, no nos damos el tiempo para conocernos mas interiormente, todo gira de manera superficial, gracias por tu opinión, sigues siendo como siempre muy generoso con mi persona. Solicita mi correo a la señorita Pilar...ah¡¡¡ sigo haciendo radio en La Serena.
 
 
#5 Guest 28-05-2010 19:46
Orlando, tu lo dices muy bien, Vivencias personales, eso es lo que pensé cuando hice el relato, no se si será mas fuerte el terremoto que un bombardeo; pero estoy seguro que por nada del mundo desearía vivir nuevamente ese cataclismo ni un bombardeo. Muchas gracias por tu comentario.
 
 
#4 Guest 28-05-2010 19:29
Estimada Karina, agradezco sinceramente tu comentario, la idea pensada es la que captaste al leer mi relato, dejar un testimonio fiel de lo ocurrido el 22 de Mayo en Valdivia. Gracias a la mística, servicio, trabajo y fuerza que me transmitieron los colonos Alemanes, quienes han hecho grande la zona sur de nuestro país.


Cito a karina:
muy buen relato, parece que me hubiese transportado en el tiempo, aunque yo ni siquiera estaba pensada en esa fecha, me pareció estar ahí, muy valiente ud. y el poder expresar en palabras su experiencia es realmente estremecedor, es como si estuviera leyendo una novela, sin conocerlo, lo saludo cordialmente.
 
 
#3 Guest 27-05-2010 15:21
muy buen relato, parece que me hubiese transportado en el tiempo, aunque yo ni siquiera estaba pensada en esa fecha, me pareció estar ahí, muy valiente ud. y el poder expresar en palabras su experiencia es realmente estremecedor, es como si estuviera leyendo una novela, sin conocerlo, lo saludo cordialmente.
 
 
#2 Guest 25-05-2010 18:45
Vivencias personales que quedarán grabadas en nuestra mente por vida.
Pasé esta experiencia en Santiago, conocí posteriormente testimonios de amigos que lo vivieron en Puerto Varas; todo lo resumo en lo que uno de ellos, extranjero que estuvo en el bombardeo de Londres durante la 2a. guerra mundial, me dijo: "entre la experiencia del bombardeo y el terremoto, lo peor es el terremoto, un bombardeo es hecho por el ser humano, se sabe que en algún instante cesa o terminará, pero vivir un terremoto de esa envergadura, solo desee morir, porque nunca sabía cuando la naturaleza terminaría con el evento".
Un homenaje a todos los héroes y desaparecidos anónimos que nunca se encontraron.
 
 
#1 Guest 21-05-2010 03:14
Estimado Sergio: Jamás me imaginé que te podía encontrar en este sitio para saber de ti. Ni tampoco que eras valdiviano... ni menos que viviste el cataclismo del 60. Has hecho un relato perfecto de lo ocurrido. Conozco amigos cercanos que vivieron la misma experiencia tuya pero en corral. Tuve una productora en la Radio Minería de Viña del Mar que estaba en Corral junto a su familia. Aún recuerda cuando el maremoto le llevó su casa que se iba lentamente mar adentro con las ventanas abiertas y flameando las cortinas.
Cómo estás...qué haces?
Saludos cordiales. Hace falta gente como tú en la radio de hoy.
 

Este sitio web fue abierto en 2010 para recordar públicamente los fenómenos naturales y sociales de 1960, en el marco de la conmemoración de los 50 años del Terremoto que ese año azotó fuertemente la zona centro-sur de Chile.

En las galerías de fotografías, archivos de prensa y testimonio podrás encontrar material compartido por testigos de la época que quisieron hacerlo público para conmemorar y construir colectivamente nuestra memoria. Además podrás informarte de las diferentes actividades realizadas por distintas instituciones en el marco de este año conmemorativo.

A inicios de 2010 un sismo similar afectó Chile, a 50 años de lo hechos de 1960. Las nuevas generaciones también se acercaron a este portal a compartir sus testimonio del terremoto y maremoto del 27F. Vivencias similares a las de 1960 que nos recuerdan, una vez más, que habitamos uno de los territorios más sísmicos del planeta.

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